La salud en la agenda para el desarrollo posterior a 2015

Date: 
16 Feb 2013

Movimiento por la Salud de los Pueblos

La salud en la agenda para el desarrollo posterior a 2015

La cercanía de la fecha tope para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) ha impulsado a la ONU a emprender una consulta mundial en torno a una nueva agenda de desarrollo global posterior a 2015. El Movimiento por la Salud de los Pueblos (MSP) acoge con beneplácito la perspectiva de un nuevo pacto mundial que comprometa a un desarrollo sostenible y equitativo. Sin embargo, los negociadores tendrán que trascender del simple alivio de síntomas para confrontar la dinámica que conduce a una desigualdad cada vez mayor, a sufrimientos que podrían evitarse y a una desestabilización acelerada de la biosfera, incluyendo el calentamiento global. Los documentos de la ONU sobre una agenda de desarrollo posterior a 2015 no abordan la crisis inminente del capitalismo, acelerada por la ideología ascendente del neoliberalismo, ni las relaciones desiguales de poder en el mundo que no sólo reflejan sino que profundizan la crisis.

Los ODM y la expansión concomitante de la ayuda internacional fueron respuestas directas al rechazo mundial provocado por la transferencia mundial de recursos de Sur a Norte a través del pago de la “deuda”, los regímenes injustos de comercio e inversión, y el papel que ha desempeñado la protección a la “propiedad intelectual” en negar el acceso a medicinas en pleno auge de la epidemia de SIDA.

El aumento de la ayuda internacional para la salud ha contribuido a extender el acceso a tratamiento para las personas que viven con SIDA, aunque todavía hay 7 millones de personas que siguen esperando acceder al tratamiento que necesitan. Sin embargo, los ODM no contemplan las barreras estructurales para un desarrollo sostenible y equitativo; tampoco fueron diseñados con este propósito.

El MSP insta a los activistas de movimientos sociales de distintos sectores y países a redoblar esfuerzos para que los gobiernos rindan cuentas; también a canalizar las aspiraciones y la energía de las comunidades y los movimientos sociales para reorientar el rumbo desastroso que lleva el desarrollo de la humanidad actualmente.

Mensajes clave”

Nuestros mensajes a los dirigentes políticos que formularán la próxima serie de “objetivos de desarrollo” son:

  • El “Desarrollo” no debe interpretarse únicamente como crecimiento económico e Industrialización. Debe abarcar el desarrollo cultural e institucional, e incluir tanto a países ricos como a los de ingresos bajos y medios (PIBM). El ejercicio del derecho a la salud no será posible sin un desarrollo social, cultural, institucional y económico proporcional. Los determinantes de la salud surgen de la práctica social en todos los ámbitos; por ejemplo, laboral, agrícola, comercial, educativo y cultural, entre otros.

Los “Objetivos de Desarrollo” que hablen de salud pero no persigan un desarrollo de base amplia, equitativo y sostenible, serían un engaño.

  • Es preciso que confrontemos los determinantes sociales, económicos, políticos y ambientales de la salud, al igual que la prevención y el tratamiento de enfermedades específicas para abordar la crisis mundial de la salud. Como herramienta para apuntalar la distribución actual de privilegios ante la crisis inminente del capitalismo globalizado, la “ideología del neoliberalismo” promueve la exclusión, explotación, desigualdad y degradación ambiental; transfiere las funciones de gobernabilidad a la anarquía del mercado. Un nuevo orden económico y nuevas formas de regulación mundial son prerrequisitos cruciales para enfrentar los desafíos actuales y los que trae consigo el período posterior a 2015.
  • Aunque el tema de la “arquitectura económica y política mundial” se ponga sobre el tapete, no tiene caso discutir una “agenda de desarrollo” posterior a 2015 para la salud o cualquier otro propósito. La integración económica mundial impulsada mediante tratados y acuerdos de “libre comercio” está diseñada para proteger las prerrogativas de las empresas transnacionales y las élites del mundo, pero hace cada vez más difícil que los Estados nación alcancen un desarrollo sostenible y seguridad social universal.
  • La agenda de desarrollo posterior a 2015 debe plantear nuevas formas de tomar de decisiones tanto nacionales como mundiales que se basen en la participación popular, la democracia directa, la solidaridad, la equidad y la seguridad. Los ODM partieron de la suposición que se podía lograr el desarrollo sólo con la ayuda internacional, ilusión que sirvió para distraer la atención de cuestiones políticas de gobernabilidad más profundas. Es necesario sustituir el modelo prevaleciente de “caridad” por un enfoque basado en los derechos humanos, con responsabilidades claramente definidas y una efectiva rendición de cuentas a la sociedad civil.
  • Sólo si se unen movimientos sociales de distintos sectores, culturas y fronteras nacionales, y articulan una serie coherente de objetivos y estrategias de cambio, se podrá alcanzar un desarrollo sostenible y equitativo que abarque la realización de reformas de gobernabilidad y la reestructuración de las relaciones políticas y económicas. Habrá una oposición feroz del sector corporativo y de aquellos países y clases cuyos privilegios dependen de que continúe la integración económica mundial, a pesar de la inestabilidad de este régimen. Las luchas que sobrevengan necesitarán de solidaridad, determinación y organización política. En este sentido, requerimos del liderazgo de la sociedad civil de todo el mundo y de los gobiernos progresistas del Sur.

Lecciones de los ODM

El Grupo de Trabajo de la ONU sobre la agenda de desarrollo posterior a 2015 concluyó que el desafío central es asegurarse de que la globalización se convierta en una fuerza positiva para las generaciones actuales y futuras de todos los pueblos del mundo. La globalización ofrece grandes oportunidades, pero la distribución actual de sus beneficios es muy desigual.

Esta frase se extrajo directamente del Artículo 5 de la Declaración del Milenio y también hay otras similitudes entre los dos documentos. ¿Tan poco hemos aprendido en 12 años que el mensaje central no ha cambiado? En vez de saltar a otros objetivos, es necesario que analicemos “por qué” tras el uso excesivo de estadísticas de progreso, se esconde una situación que no ha mejorado en lo fundamental.

Ya antes hemos criticado los ODM por centrarse en los fines y guardar silencio sobre los medios para alcanzarlos. Como reconoce el Grupo de Trabajo de Naciones Unidas: “Ésta ha sido una oportunidad perdida de brindar orientación sobre cómo abordar las raíces de la pobreza y las necesidades básicas no cubiertas”. Los valores y principios expresados en la Declaración del Milenio se perdieron en la implementación y quedamos con una serie de victorias rápidas en las cuales el progreso se midió en términos de promedios nacionales, que tanto sufrimiento han dejado sin registrar. Los ODM fueron concebidos, definidos e implementados a través de un proceso vertical, estructurado en torno a la ayuda financiera, sin prestar suficiente atención a la gobernabilidad, la participación y el empoderamiento.

Apoyamos el llamado del Grupo de Trabajo para que se realicen cambios transformadores y se adopte un enfoque holístico centrado en los valores fundamentales de derechos humanos, equidad y sostenibilidad; también instamos a Naciones Unidas a incorporar el empoderamiento a la lista de principios fundamentales. Sin embargo, creemos que el Grupo de Trabajo no especificó adecuadamente los problemas que enfrenta la humanidad.

En “Los desafíos mundiales” que se enfrentan actualmente se habla de síntomas superficiales de problemas subyacentes, pero no se hace mención de las sesgadas relaciones de poder en el mundo ni de que unos cuantos países poseen la receta hegemónica de ciertos modelos de “desarrollo”. Los líderes mundiales han intentado simplemente resolver nuestros problemas con las mismas medidas que en primer lugar les dieron origen. Es necesario reflexionar sobre lo que consideramos desarrollo y cuestionar la globalización económica, el neoliberalismo y los arraigados desequilibrios de poder en el mundo.

Acerca del desarrollo

El criterio dominante identifica “desarrollo” con crecimiento económico y lo posiciona únicamente como un problema exclusivo de los PIMB. No sólo ignora los desafíos para la sostenibilidad planetaria sino también la necesidad de adoptar una economía de estado estacionario.

El modelo actual favorece el desarrollo económico sobre el de carácter social, cultural e institucional, y distrae la atención de lo que es necesario hacer en los países ricos (PIA).

La sostenibilidad ambiental es sin duda uno de los temas principales que es necesario abordar en cualquier conjunto futuro de objetivos de desarrollo. Lo anterior exige un diálogo sobre las causas de la desestabilización actual del entorno humano, incluyendo el fetiche de crecimiento del pensamiento económico dominante. El cambio de las relaciones económicas, incluyendo la acumulación de capital sin crecimiento neto global, es el gran desafío que enfrenta el desarrollo económico. Los objetivos de desarrollo mundial deben estar dirigidos tanto a los países ricos como a los PIBM, y tanto a la economía global como a la ecología de la biosfera.

Es necesario que pensemos en términos del desarrollo social, cultural, institucional y económico. El no tomar decisiones nacionales y mundiales adecuadas en torno al cambio climático, la justicia fiscal y la regulación del sector financiero ilustra la necesidad de incorporar a las instituciones de toma de decisiones en la agenda de desarrollo. El pensamiento actual sobre el desarrollo presta poca atención a los desafíos cruciales que el racismo, el patriarcado, la violencia de género, la desigualdad y exclusión, el individualismo y el consumismo, entre otros, plantean para el desarrollo sostenible y equitativo.

Es preciso desvincular el concepto de “desarrollo” de la ayuda financiera internacional. El término se ha vuelto sinónimo de ayuda internacional, que incluye el sector de “asistencia al desarrollo” y la “asociación para el desarrollo” entre donantes y gobiernos. En efecto, el poder de los donantes de dictar políticas nacionales para los países beneficiarios refleja los desequilibrios de poder en el mundo y las relaciones políticas y económicas que los sostienen. Estas relaciones de poder tan extremadamente desiguales son obstáculos para un verdadero desarrollo. Aunque la ayuda internacional podría ser de utilidad, con frecuencia no es así. Un desarrollo real debe tomar en cuenta las historias locales, el papel de las comunidades, las relaciones de poder y la ideología.

Acerca del capitalismo, neoliberalismo y globalización

La crisis mundial de la salud refleja la incapacidad de abordar los determinantes sociales, políticos y ambientales de la salud. Ningún objetivo nuevo relacionado con la salud debe contemplar sólo la prestación de servicios, aun cuando se interprete en términos generales. Es necesario que prestemos atención a las causas de las causas, como ha instado la Comisión sobre los Determinantes Sociales de la Salud.

En este sentido, el Grupo de Trabajo ha llegado a importantes conclusiones, pero el nuevo paradigma de desarrollo que plantean no tiene el alcance requerido. Su informe señala acertadamente que las crisis alimentarias, de combustible y financieras” han expuesto fallas sistémicas en el funcionamiento de mercados financieros y de commodities, al igual que grandes debilidades en los mecanismos de gobernabilidad global”. Como hemos argumentado en el Observatorio Global de Salud 3 http://www.ghwatch.org/sites/www.ghwatch.org/files/global%20health%20watch%203.pdf , las múltiples crisis no sólo revelan deficiencias en el marco institucional de la economía mundial sino también en la conceptualización neoclásica de la propia economía. El capitalismo en su forma actual, que se caracteriza por una creciente desigualdad y mercados mal regulados, y por el dominio que ejercen los intereses de una pequeña minoría acomodada, constituye uno de los principales obstáculos para alcanzar un desarrollo equitativo y sostenible.

El capitalismo y la ideología del neoliberalismo (gobiernos reducidos, libre mercado, integración económica mundial) fomentan exclusión, explotación, desigualdad, desperdicio y degradación ambiental. El establecimiento de nuevas relaciones económicas y la adopción de nuevas formas de regulación son prerrequisitos para enfrentar los desafíos actuales y del período posterior a 2015.

Ninguna de las propuestas y documentos en circulación de las instituciones de Naciones Unidas cuestiona el paradigma prevaleciente de crecimiento económico. El Grupo de Trabajo de Naciones Unidas insta a un “crecimiento económico estable, equitativo e incluyente, basado en patrones sostenibles de producción y consumo”. No obstante, pese a que la Comisión sobre los Determinantes Sociales de la Salud concluye que “la redistribución de ingresos por la vía fiscal y de transferencias es más eficiente para la reducción de la pobreza que el crecimiento económico en sí mismo”, la palabra “redistribución” no aparece ni una sola vez en el informe del Grupo de Trabajo. Sin embargo, la redistribución es tan sólo un paso para reducir la disparidad y también son necesarios otros mecanismos para cambiar el sistema prevaleciente. En un mundo con restricciones de carbono, no tiene sentido una estrategia de continuo crecimiento material neto a escala mundial.

Ninguna discusión de las prioridades después de 2015 que ignore las restricciones impuestas por el capitalismo, la globalización y el neoliberalismo tiene muchas probabilidades de encontrar soluciones factibles a las cuestiones sustanciales que están en juego. El MSP hace un llamado a las organizaciones de la sociedad civil de todo el mundo para que insistan en la necesidad de discutir estas cuestiones. Hace, asimismo, un llamado a los países del Sur para proporcionar un liderazgo fuerte que contenga y regule el capitalismo, y que avance hacia una economía mundial sostenible y equitativa, capaz de crear condiciones de vida dignas para todas y todos. Un buen comienzo sería atender el llamado de la Asamblea General de Naciones Unidas de retomar el nuevo orden mundial http://www.un-documents.net/s6r3201.htm .

Acerca de la gobernabilidad y desequilibrio de poder en el mundo

Acogemos con gran beneplácito el énfasis puesto en temas de gobernabilidad en el informe del Grupo de Trabajo de Naciones Unidas. Estamos de acuerdo en que “una mayor gobernabilidad del sector económico y financiero es esencial para mantener marcos reguladores que respeten los derechos humanos y protejan el medio ambiente”. El régimen actual de comercio e inversión mundial debilita considerablemente los derechos sociales universales y los derechos humanos, al igual que el poder de los Estados para regular las actividades de las empresas y las instituciones financieras privadas. Las “esferas de influencia” de los países ricos impiden que la ciudadanía de los países menos poderosos ejerza sus derechos y determine sus propias vías de desarrollo. Una cuestión que debe ser fundamental para la agenda de desarrollo posterior a 2015 es mejorar la gobernabilidad nacional y mundial.

La reforma de la gobernabilidad del sector de salud debe atender el régimen caótico de iniciativas globales de salud (IGS), que fueron creadas en los últimos 15 años con el propósito de canalizar fondos de los donantes para enfermedades e intervenciones específicas. La creación de estas IGS obedeció a la necesidad de llenar un espacio en blanco derivado de la renuencia de los países ricos a proporcionar financiamiento adecuado a la Organización Mundial de la Salud. La OMS – con suficiente financiamiento y protegida del acoso de los grandes poderes – debe ser la organización intergubernamental rectora de la salud mundial, incluyendo los sistemas de salud, los determinantes sociales y las enfermedades e intervenciones.

La proliferación de iniciativas globales de salud dependientes de un modelo caritativo de “desarrollo” ha contribuido a la fragmentación de los sistemas de salud y de la gobernabilidad mundial de la salud. Se requiere una racionalización radical de la arquitectura mundial de la salud para que la OMS recupere su papel preeminente de coordinación y liderazgo, que incluye monitorear y exigir a los donantes y a las IGS que rindan cuentas. Es preciso empoderar a la OMS para que desempeñe un papel más activo en un sistema más coherente y responsable de gobernabilidad de la salud. La restauración del papel de liderazgo de la OMS en la gobernabilidad mundial de la salud exigirá que los Estados miembros se comprometan con este resultado. El MSP insta a las organizaciones de la sociedad civil interesadas en la salud a que se aseguren de que todos los Estados miembros rindan cuentas cabales del cumplimiento de su responsabilidad.

Es necesario abordar los grandes desequilibrios de poder en la toma de decisiones políticas y económicas. Estos desequilibrios abarcan las estructuras formales de organizaciones y tratados intergubernamentales, la práctica diaria de relaciones internacionales, el indebido poder de las empresas transnacionales y las estructuras e ideologías adoptadas por aquéllos que controlan los medios. Si la arquitectura económica y política mundial, con sus desequilibrios de poder prevalecientes, sigue en pie en 2015, no vale la pena discutir una agenda de desarrollo posterior a 2015 para la salud. Es imperativo exponer y rectificar estos desequilibrios de poder como parte integral del problema, a fin de encontrar vías para un desarrollo sostenible.

Acerca de la participación

Un principio fundamental de derechos humanos es que las personas tienen derecho a participar en las decisiones que afectan su vida, incluyendo las políticas locales, nacionales e internacionales relacionadas con la salud. La rendición de cuentas de gobiernos y empresas depende de la participación activa e informada de personas, organizaciones de la sociedad civil y movimientos sociales. La nueva agenda de desarrollo debe centrarse en las personas y en que éstas participen en cada etapa del proceso, es decir, definir, implementar y monitorear el nuevo marco de desarrollo.

El proceso de consulta de Naciones Unidas en torno a una agenda de desarrollo posterior a 2015 se queda corto en términos de participación comunitaria. Se supone que las consultas de país estén dirigidas a los pobres y marginados, pero las directrices sugieren invitar sólo a “representantes” de varios grupos a las consultas. El objeto de estas consultas no debería ser tan sólo extraer información para ayudar a definir objetivos globales que luego se implementarán verticalmente; deben utilizarse para establecer mecanismos de participación continua de la comunidad. Es necesario establecer un ciclo constante de retroalimentación a fin de que las personas puedan participar efectivamente en todo el proceso, incluso en exigir a sus gobiernos que rindan cuentas de sus obligaciones. Instamos a que las consultas comunitarias no se lleven a cabo sólo una vez para recopilar información, sino más bien que constituyan un primer paso para establecer estructuras democráticas, nacionales y mundiales, de gobernabilidad.

Acerca de la cobertura universal de salud

Nos preocupa que la propuesta de cobertura universal de salud (CUS) se adopte como único objetivo de salud posterior a 2015. Por el lado positivo, la CUS implicará fortalecer los sistemas de salud, cambiar el enfoque actual centrado en la enfermedad y dar mayor peso a la equidad. Sin embargo, el concepto es amplio y hasta la fecha no hay consenso sobre su significado preciso. Nos oponemos a la promoción de un modelo minimalista de seguros que ofrecería “paquetes básicos de salud” y funcionaría dentro de un sistema comercial de salud. La consecución de la CUS debe lograrse a través de sistemas organizados y responsables de salud pública que presten atención primaria integral de salud de alta calidad y cuenten con un sistema de referencia plenamente funcional que se rija por necesidades.

Nos preocupa que el enfoque de “prestación de servicios” relacionado con la CUS distraiga la atención de las acciones para abordar los determinantes estructurales de la salud y las raíces de la mala salud y la discapacidad. Aunque el acceso equitativo a la atención de salud sea un determinante social subyacente de la salud, es tan sólo uno entre muchos otros. La consecución de la CUS debe ser parte de una estrategia integral centrada en los DSS. Pese a que las Naciones Unidas y la OMS definen los servicios de salud como “prevención, promoción, tratamiento y rehabilitación”, nos preocupa que los servicios promocionales sólo contemplen acciones sobre algunos determinantes y estén dirigidos al comportamiento individual, dejando de lado los más cuestionados, como el comercio y las relaciones de poder. En el resumen de septiembre sobre el proceso posterior a 2015, se menciona que la OMS se encuentra trabajando con ONU-AGUA y el Grupo Asesor del Secretario General de Naciones Unidas sobre Agua y Saneamiento en el planteamiento de un objetivo relacionado con el agua. Instamos a la OMS a llevar este proceso un paso más adelante y entablar una relación con todos los otros sectores que afectan la salud, incluyendo el comercio mundial.

Si se piensa utilizar la salud de la población como paradigma de progreso en otros ámbitos del desarrollo, se necesitará un enfoque más proactivo de incorporación de la salud en todas las políticas. Sin embargo, el estado actual de la salud no es un índice de equidad intergeneracional y en vista de la crisis ecológica, la equidad intergeneracional emerge como una de los parámetros principales que deben medirse. El enfoque holístico por el que aboga el Grupo de Trabajo de la ONU debe entenderse como un enfoque que abarca otros ámbitos, además de la salud, para garantizar coherencia de políticas y sinergias entre los distintos objetivos. Los derechos humanos, incluyendo el derecho a la salud, la equidad, la sostenibilidad y el empoderamiento, deben ser centrales en todas las políticas, lo cual exigirá una visión más amplia del desarrollo, un régimen más democrático y participativo de gobernabilidad mundial y nacional, y una configuración de las relaciones económicas que apoye la equidad, condiciones de vida dignas y sostenibilidad ecológica.

Referencias

  1. Grupo de Trabajo del Sistema de Naciones Unidas sobre la agenda de desarrollo posterior a 2015. El futuro que queremos para todas y todos. Informe presentado al Secretario General de la ONU 2012.
  2. Movimiento por la Salud de los Pueblos, Medact, Health Action International, Medico International, Third World Network, editores. Observatorio Global de Salud 3. Londres: Zed Books; 2011.
  3. Comisión sobre los Determinantes Sociales de la Salud. Subsanar las desigualdades en una generación: Alcanzar la equidad sanitaria actuando sobre los determinantes sociales de la salud. Ginebra: OMS 2008.
  4. Asamblea General de Naciones Unidas. Declaración sobre el establecimiento de un nuevo orden económico internacional, 1º de mayo de 1974. Informe núm. A/RES/S-6/3201.
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